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El estrés encoge el cerebro

Los ingenieros ingleses que calculaban la resistencia de un puente para soportar una determinada carga utilizaron la palabra strés como concepto del peso máximo que podía tolerar la estructura. La palabra la incorporó después la medicina para explicar cuanto podía tolerar el organismo humano ante las presiones de la vida.

Estrés implica entonces la carga máxima soportable. Para ello, nuestro organismo dispone de recursos para responder a toda situación de exigencia, de peligro o de presiones inevitables que impone la lucha cotidiana.
Vale aclarar que existen dos tipos de estrés: uno, agudo, rápido y de corta duración que es el que permite adaptarnos y superar los inconvenientes diarios y otro, crónico, que es continuo, prolongado, persistente y que no da tregua. Este último es el que enferma ya que produce síntomas emocionales (ansiedad, angustia, accesos de pánico, miedos persistentes, irritabilidad, falta de deseos, incapacidad para encarar proyectos, etc.) o síntomas físicos (dolor de cabeza, dolores de cuerpo, acidez de estómago, molestias intestinales, náuseas, mareos, palpitaciones, cansancio, trastornos del sueño, cambios menstruales, etc).
Por lo tanto, mientras estrés agudo es una respuesta necesaria y saludable del organismo, el estrés crónico, por el contrario, es nocivo y produce diversos malestares o enfermedades. Sus consecuencias se acumulan en el organismo de manera similar a como lo hacen los efectos nocivos de la exposición al sol sobre la piel a través del tiempo.

Las glándulas suprarrenales (llamadas así por estar ubicadas sobre las riñones) son las responsables de producir de manera continúa las hormonas del estrés. En el estrés crónico no solo lo hacen en cantidades superiores a las normales sino, además, lo hacen de manera continua, sin parar.Así, las glándulas pueden, por la sobre demanda, agotar sus reservas con lo cual se produce el fracaso para responder a las exigencias que le imponen las obligaciones a un individuo.
Diversas investigaciones demostraron las consecuencias nocivas que eso genera. Una reciente demostró que el exceso de las hormonas del estrés induce un efecto muy perjudicial: la disminución del volumen del cerebro. Fue la primera vez que se constató en los seres humanos ya que antes se había descubierto que esto ocurría en los animales de experimentación.

cerebro2En las personas con estrés crónico (y también con depresiones prolongadas o mal tratadas) se activa una suerte de interruptor genético, llamado GATA, que normalmente está “apagado”. Al encenderse, bloquea la formación de las conexiones entre las neuronas que son necesarias para su normal funcionamiento y durabilidad, lo cual genera la disminución de la masa cerebral. Además, induce síntomas emocionales y trastornos de memoria y de concentración por comprometer especialmente la región pre frontal del cerebro y el hipocampo (centro de la memoria).

En otras palabras, el estrés prolongado puede ocasionar que el cerebro se achique, se encoja o que envejezca de manera prematura.

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