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El estrés engorda?

No es difícil notar que las epidemias de obesidad, síndrome metabólico y diabetes que se han hecho especialmente evidente en los últimos 15 años coinciden con el aumento en los niveles de estrés en la población norteamericana. ¿Es simple coincidencia o puede haber una relación causal? Será que el estrés engorda?

El desarrollo tecnológico, que debía habernos facilitado la vida, en realidad la ha vuelto más compleja y ha hecho nuestras vidas mucho más sedentarios.

En medio del afán diario no encontramos tiempo para la recreación y los amigos; la relajación o la vida espiritual. En el proceso de modernización hemos perdido nuestra relación con el cuerpo y no atendemos sus necesidades.

En lugar de descansar cuando el cuerpo da señales de cansancio, ponemos en nuestro organismo sustancias estimulantes que nos permitan seguir trabajando.

Niveles de estrés y estilo de vida

Los cambios en nuestro estilo de vida han traído como consecuencia unos niveles de estrés a los que el cuerpo encuentra difícil adaptarse.

Mientras países como Francia y Alemania reducen sus horas de trabajo semanal, hoy en día en los Estados Unidos se trabaja más horas que en cualquier otro país industrializado del mundo. Pero la razón no es simplemente que los estadounidenses sean dedicados trabajadores.

Los salarios ido disminuyendo proporcionalmente en los últimos 30 años en los Estados Unidos mientras los costos de salud se han vuelto imposibles y muchos de los beneficios que antes recibían los trabajadores han desaparecido. ¿Consecuencia? La gente está trabajando más y más para poder costear el estilo de vida al que se han acostumbrado.

No tiene por qué extrañarnos entonces que exista una relación entre más horas de trabajo, una vida más sedentaria y unas caderas más voluminosas.

Deterioro en la calidad de nuestra alimentación

Pero además, entre más ocupada la gente, menos tiempo dedica a preparar comidas caseras saludables, sobretodo cuando la comida rápida es barata y se envía a domicilio.

El concomitante aumento en el consumo de comidas procesadas – generalmente ricas en calorías, pobres en valor nutricional – es consecuencia de lo anterior. El problema es que estos alimentos son en su mayoría ricos en productos químicos que les aseguran larga vida en los estantes de los supermercados y estos químicos alteran el funcionamiento del cuerpo. Hay evidencia de que por ejemplo, el jarabe de maíz y el glutamato monosódico, que son comunes aditivos en la comida procesada, contribuyen a producir obesidad.

Otro factor que hace parte de este cuadro es la tendencia a comer automáticamente mientras se trabaja en el computador o se atiende una reunión de trabajo, de manera que no se cuentan las calorías consumidas.

La sensación de saciedad después de una comida viene por lo regular sólo 20 minutos después de empezar a comer. Cuando comemos a las carreras, perdemos la noción de la cantidad de comida que ponemos en nuestro cuerpo.

Y cuando estamos estresados buscamos “comfort food” que nos calman por un ratito pero nos dan extra calorías que terminan convirtiéndose en grasa corporal.

Hormonas del estrés y obesidad

Entre las hormonas que el cuerpo secreta cuando el estrés aumenta, están los glucocorticoides (GC) que, con la adrenalina, nos preparan para huir o luchar. Pero cuando el estrés se hace crónico, los efectos de estas hormonas pueden conducir a la obesidad, el transtorno metabólico y la diabetes.

Los GC (especialmente el cortisol) son responsables por el aumento de la grasa abdominal, la desaceleración del metabolismo celular y el consecuente aumento de peso.

Los investigadores han encontrado también que la falta de suficiente reposo y sueño afectan el nivel de unas hormonas recientemente descubiertas como la leptina y la grelina, que modulan nuestro apetito.

Aunque unas vacaciones ciertamente compensarían en parte los niveles de estrés las estadísticas nos muestran que casi un tercio de las mujeres y un cuarto de los hombres en los Estados Unitos no toman vacaciones porque, a diferencia de otros países, estas no son pagas.

De acuerdo con un reporte del pasado mes de agosto producido por el Bureau of Labor Statistics, solo el 59 por ciento de los trabajadores en los Estados Unidos tuvo acceso a vacaciones pagas en el 2011. El 39.7 por ciento no tuvo vacaciones pagas y esto corresponde a 55 millones de trabajadores.

El estrés crónico entonces si puede disminuir o aumentar los niveles de azúcar en la sangre, causando cambios en el estado de ánimo, fatiga y a la larga síndrome metabólico que es precursor de la diabetes.

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