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Lavarse las manos después de ir al baño evitaría el 39% de las infecciones alimentarias

Un estudio de la Facultad de Higiene de la Universidad de Londres descubrió que el 95 por ciento de los ingleses dice que se lava las manos después de ir al baño, pero sólo entre el 10 y el 12 por ciento lo hace realmente .

La costumbre de evadir el jabón tiene algunas consecuencias inquietantes: uno de cada seis celulares de Inglaterra, por ejemplo, está contaminado con bacterias fecales, capaces de sobrevivir por horas en las manos y superficies, trasladándose a todo lo que se toca.

En una oportuna coincidencia, el jueves se estrenó “Contagio”, la película sobre la proliferación de un virus incurable a través del simple contacto. “El ciudadano promedio se toca la cara entre tres y cinco veces por minuto”, dice el personaje protagonizado por Kate Winslet en la superproducción. “Y en el medio tocamos picaportes, biromes y a otras personas”.

El guión de “Contagio” parece apropiado en un mundo que está obsesionado con los gérmenes pero que al mismo tiempo se muestra indiferente frente a la higiene. ¿Cómo puede ser que en la sociedad, que vivió con temor por la Gripe A y está llena de antibióticos, la gran mayoría ni siquiera se toma el trabajo de lavarse las manos después de ir al baño? Es mucho lo que puede decirse de un país a partir de sus baños públicos. Inglaterra en este sentido sigue el ejemplo de Estados Unidos, en donde por años los baños públicos intentaron ocuparse de la creciente fobia de la gente a los gérmenes. Por ello es que los baños públicos norteamericanos incluyen cubiertas plásticas que se despliegan al lado de las tapas de inodoros con sólo mover la mano, descargas automáticas, dispensers de jabón automáticos y secadores de mano ultra modernos. Pero mucha gente lleva su temor a los baños públicos más lejos todavía: la mujeres colocan grandes cantidades de papel higiénico sobre el inodoro o bien optan por no hacer contacto con el inodoro.

La aseveración de que el picaporte de un baño público tiene más bacterias que el inodoro es en más de un sentido algo intrascendente ya que este comentario no se apoya en la realidad sino en una percepción de la suciedad. De hecho, muchos baños compartidos están más limpios que el teléfono del escritorio de nuestra oficina, el teclado de la PC, el repasador de nuestra cocina o nuestra frazada de la cama (que acumula de noche un porcentaje estable de polvillo, piel muerta y desechos de ácaros).

En muchos sentidos esto es comprensible. Las bacterias fecales se propagan fácilmente, se reproducen con rapidez y pueden conducir de forma directa a la enfermedad.

“Si desean comprender por qué la gente se siente así respecto del contagio, sólo hay que observar el pasado de nuestra evolución”, dice la doctora Val Curtis, de la Universidad de Londres. “Los seres humanos sentimos una repugnancia innata hacia los gérmenes, esas cositas casi invisibles. Por ello nuestra conducta, a nivel inconsciente, se ve marcada por la costumbre de evitar la enfermedad”.

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